miércoles, 4 de enero de 2023

AL PÚBLICO LECTOR

 


Hasta hace poco superamos una década de permanente esfuerzo y con acérrima dedicación de promover la cultura del conocimiento en el ámbito del comercio internacional y del derecho. Trazamos inicialmente un proyecto posible en el cual el protagonista principal fue y continuará siendo la interacción humana y sus diversos modos de acción social y cultural.

El Portal Jurídico Aduanero PJA., decide fortalecer sus relaciones en el orden institucional con editoras como la revista JURISTA de México, TU GUÍA LEGAL DE PANAMÁ y la posibilidad prometedora de otras entidades de América Latina.

“Tanto el poder derivado del saber como el conocimiento definido por el poder pueden ser más dominantes cuando existe una asimetría de conocimiento entre las dos partes”

Suscripción gratuita en el blog hasta nuevo aviso.   

miércoles, 28 de diciembre de 2022

AL PÚBLICO LECTOR


Que nunca les falte un sueño por el que luchar, un proyecto que realizar, algo que aprender y alguien a quien querer.

El tiempo es como el agua que se escurre de las manos, no se puede detener por eso cada día hay que vivir intensamente.
SALUD POR UN NUEVO AÑO QUE SE APROXIMA.

viernes, 16 de diciembre de 2022

AL PÚBLICO LECTOR

AGRADECIMIENTO

Con mi profundo sentimiento le doy GRACIAS al público académico de las universidades públicas y privadas, quienes me acogieron abriendo sus puertas con el objeto de difundir CULTURA.
Universidad Mayor de San Andrés, Universidad Pública del El Alto, Universidad Mayor de San Simón, Universidad Técnica de Oruro, Universidad Autónoma Tomás Frías, Universidad Autónoma Juan Misael Saracho, Universidad Real y Pontificia de San Francisco Xavier, Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, Universidad Católica Boliviana, UDABOL, Universidad Técnica de Santa Cruz, Universidad Tecnológica Boliviana, UPSA, Universidad Central, Universidad Loyola, Universidad Franz Tamayo, Universidad Salesiana, UNIVALLE.

viernes, 9 de diciembre de 2022

IMPERATIVO, UN CONOCIMIENTO ENCICLOPÉDICO DE LOS DERECHOS HUMANOS EN EL SIGLO XXI

Por JUAN JOSÉ LLANES GIL DEL ÁNGEL

Licenciado en Derecho por la Universidad Veracruzana. Maestro en Amparo y docente de esta disciplina en la UPAV. Coautor de “Para entender la corrupción mexicana” (México, ILV, 2020). Miembro del Consejo Directivo de la Organización Nacional Anticorrupción (ONEA) y Académico de Número de la Academia Mexicana de Derecho del Trabajo y de la Previsión Social.

En junio de 2011 se promulgaron reformas al texto constitucional para definir que en nuestro país todos gozaríamos de los derechos humanos reconocidos en la Norma Suprema y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección.

Esta reforma, de gran calado, en palabras de Fix-Zamudio y de Valencia Carmona, configuró un nuevo paradigma constitucional. Los tratados internacionales en materia de derechos humanos dejaron de formar parte de un “decorado jurídico” y se incorporaron plenamente al derecho positivo; la reforma quedó completa al promulgarse, en 2013, una nueva Ley de Amparo.

A partir de ese momento, todo -absolutamente todo-, tanto las normas generales como los actos de autoridad, debe pasar el filtro del bloque de constitucionalidad-convencionalidad, y el Poder Judicial Federal debe enfocar su tarea en definir qué se apega no sólo a la norma suprema, sino también a los tratados internacionales.

Creo que un reto de los juristas en el resto del siglo XXI será adquirir un cono-cimiento enciclopédico de los Derechos Humanos. Si en otro momento, instrumentos como el Pacto de San José, el Protocolo de San Salvador, los Convenios de la Organización Internacional del Trabajo, la Convención de Viena, o el Protocolo de Estambul, parecían cosas extrañas, ajenas y distantes de nuestra realidad, ahora están totalmente incorporados a nuestro entorno jurídico. Si otrora había que estar al pendiente, solamente, de las tesis y criterios emanados del Poder Judicial Federal, ahora también hay que conocer a profundidad la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Pero, en paralelo, surge otro reto para los juristas: no solamente se trata de conocer los derechos humanos, sino también de defenderlos, en cada caso en particular, y en lo general.

Me explico: Aunque la Constitución impone a todas las autoridades la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos, la realidad cotidiana parece alejada del texto constitucional. Y, más grave aún: los derechos humanos no solamente se violan, también se denuestan, se critican y se interpretan de manera errática y, a veces, a modo.

Un reto para los juristas en las décadas venideras, considero, será el de convertirse en el vértice de la divulgación de los derechos humanos. Su defensa se torna aún más complicada, porque frente a quienes defienden los derechos humanos están, claro, quienes materialmente los violan; pero están -sobre todo- quienes desde otros escenarios alegan que existen razones de Estado y de gobernabilidad para hacerlos de lado.

Los juristas deberán emprender la misión de defender los derechos humanos, porque representan el único medio eficaz para prevenir tiranías, para las que los derechos humanos, simple-mente, estorban, porque -aseguran- les impiden gobernar conforme a su diseño del Estado.

En ese contexto, un reto más para los juristas en el siglo XXI está vincula-do a la defensa de un derecho humano en particular: la legalidad. No podríamos hacer un recuento de los derechos humanos que en México se violentan (porque hacer ese inventario actualiza el riesgo de suponer alguno más importante que otro, a contrapelo del principio de interdependencia); pero cito ese derecho humano, porque es evidente que nuestro país arrastra desde hace tantas décadas (que bien podríamos decir: desde siempre), un profundo déficit de legalidad.

Advierto aquí otro reto importante para los juristas, que se traduce en la necesidad de autodefinirse.

Me explico de nueva cuenta: Quienes nos formamos como abogados en el último medio siglo, abrevamos del iuspositivismo. Como tributarios de esa vertiente de la Filosofía del Derecho, asumimos que “la ley es la ley”, y debe cumplirse y observarse, más allá de cualquier interpretación moral o de valores. Los iuspositivistas queremos la Justicia, por supuesto, pero entendemos que el camino para acceder a ella es a través de la observancia irrestricta de las normas; en ninguna circunstancia asumiremos que la personalísima percepción de alguien -quien sea- de lo que es justo o no, puede colocarse por encima de las normas generales.

Considero que lo anterior cobra particular relevancia frente a una realidad que nos detona y lastima a diario: el índice de impunidad que rebasa el noventa por ciento. Por eso sostengo que, si solamente una de cada diez víctimas u ofendidos por un delito puede aspirar a que se esclarezcan los hechos que padeció, a que se castigue al responsable y a que se le repare el daño, podemos afirmar que el sistema de procuración e impartición de justicia es un sistema fallido. 

Corresponderá a los juristas repararlo y encontrar los mecanismos para que funcione y se haga Justicia con absoluto respeto al debido proceso que, ahora, injusta e indebidamente, es presentado como el gran enemigo de la sociedad. 





sábado, 27 de agosto de 2022

CONTRA LA CORRUPCIÓN E IMPUNIDAD, CULTURA DE LA LEGALIDAD



Por JESÚS MARTÍNEZ GARNELO

Licenciado en Derecho, con el más alto promedio de su generación. Maestría en Derecho Privado y Maestría en Derecho Penal. Doctorado en Derecho Penal por la UNAM, calificación de diez y Mención Honorífica. Posdoctorado en la Universidad de Milán, con mención Magna Cum Laude. Autor permanente de Editorial Porrúa, con numerosas obras publicadas


Hace sólo algunos años fui invitado por un grupo selecto de maestros y pedagogos de nivel medio y medio superior de mi amado estado de Guerrero y de la ciudad de México, para participar en temas específicos relacionados con el tópico de la “Cultura de la Legalidad”. No me imaginé que esta iniciativa de mis apreciados maestros y amigos, trajera como resultado diversos Foros Regionales y Nacionales, motivo de grandes debates hoy día, en los cuales he participado como ponente, bajo los rubros referentes a: “La Cultura de la Legalidad en la Función Pública”, “Responsabilidad y Legalidad del Servidor Público”,” Sin cultura de la legalidad, sociedad en conflicto”, etcétera.

En múltiples eventos he observado la gran inquietud e interrogante de los asistentes y receptores de dichos tópicos, así como de aquellos que intervinieron en calidad de conferenciantes y, sobre todo, de la gran incentivación y preocupación sobre fenómenos que, se presume, son ampliamente conocidos, de experiencia práctica y de difusión ordinaria, dado que vivimos en un Estado de Derecho y democrático, referente a la Cultura de la Legalidad, situación altamente preocupante, razón formal deontológica, que matizan aún más, aspectos y factores motivacionales y de juridicidad para la exposición de otras tantas problemáticas, abordados por el gran estímulo académico al participar con el doctor Sergio Aguayo y la maestra Paulina Grobet Vallarta, entre otros ilustres investigadores.

Pero amén de todo ello, punto menos que importante, fue realmente satisfactorio detectar que los receptores de todos estos foros tuvieron verdaderas inquietudes, pues fueron activamente participativos, eufóricos y entusiasmados, por el exigente reclamo de difundir más estos temas de alto nivel psicopedagógico en todos los Estados que conforman mi amado país.

Todo ello me obligó a compilar, estudiar y englobar en este trabajo la diversidad multicultural un tanto sui generis y compleja, relacionada con la Cultura de la Legalidad, y de los fenómenos sociales de la corrupción e impunidad, aspectos torales que analizo en capítulo especial y donde en forma concreta y sencilla, pretendo incentivar a maestros, directores de áreas académicas, secretarios de Educación, todo tipo de servidores públicos y estudiosos del Derecho, precisamente sobre esta instrumentación didáctico pedagógica dirigida a todo ciudadano mexicano, para que así se obtengan con certeza y mayor objetividad, las herramientas y la formación e información de aspectos concretos sobre las reglas que específicamente se establecen en las leyes y principalmente en nuestra Constitución General de la República, con el único y evidente propósito de que todo gobernado sepa, conozca y difunda las reglas del juego, precisa y formalmente descritas y establecidas en la ley; pues esto, aunque pareciese algo simplístico, he detectado la carencia o ignorancia en una gran cantidad de ciudadanos y profesionistas, con poco conocimiento e ilustración precisamente sobre temas de legalidad, incluyendo a los propios servidores públicos judiciales.

México, mi amado país, requiere promover y es de alta urgencia fortalecer la Cultura de la Legalidad entre gobernantes y gobernados, tal y como lo explicaba John Austin, pues se exige hoy día de instituciones integrales sólidas, cuyos servidores públicos deben estar altamente especializados y supra profesionalizados para el desarrollo, interpretación, aplicación y cumplimiento de la ley.

Hay necesidad de informar a la ciudadanía de estos temas como fenómenos sociales y, sobre todo, del ser y del formar un ente institucional, integral y coherente del sistema de educación, seguridad pública, prevención del delito, fiscalía e impartición de justicia, e incluso de la vinculación a los principios, protocolos y tratados internacionales.

Estos temas tienen objetivos específicos y estratégicos y, sobre todo, se insiste y reitera, el interrelacionar a todas las instancias con los ciudadanos, para así fortalecer en nuestro país en estas y las vinientes generaciones, la nueva Cultura de Legalidad y de un Estado de Derecho, buscando fortalecer un derrotero cultural al unísono de otros países que mucho nos aventajan.

Por todo ello, pretendo con renovado brío fortalecer esos objetivos y reforzar el valor fundamental que da en cierta manera vida y forma a la comunicación escrita en temas tan elementales pero básicos, como los que ahora se plasman, pero sobre todo, con sencillez, respeto, humildad y plena nitidez. Remarco y espero, ello sirva de aliciente a todo el mundo académico y a los profesionales del Derecho, sociólogos, políticos, criminólogos, ciudadanos en general que, como acciones atractivas y de formación cultural, delineen nuevos derroteros de promoción y simbología axiológica, novedosa, que identifique de una vez por siempre a nuestro país, convirtiéndose en ejes rectores de nuestra sociedad mexicana, moderna, plena, evolutiva y cambiante.

No debemos olvidar pues, que la Cultura de la Legalidad es y representa un conjunto de valores, de normas, percepciones y aptitudes que el individuo y la ciudadanía tienen hacia las leyes y la Constitución Política del País, de quienes las ejecutan o cumplimentan.

Cabe resaltar las palabras del destacado político guerrerense, licenciado Luis Walton Aburto, que en el prólogo de esta obra jurídica menciona y cito: “La lucha contra la corrupción y la impunidad es una de las grandes deudas pendientes en nuestro país. Estos dos retos han tenido efectos perniciosos en la vida pública de México, desde la pérdida de confianza de los ciudadanos en las instituciones políticas y de justicia, hasta la normalización y justificación de ciertas conductas delictivas o contra los intereses comunes. A partir de este punto de vista, el pacto social mexicano tiene, en primera instancia, un problema central, el cual parece que no es comprendido y entendido por la mayoría de los ciudadanos, y quienes gobiernan no están interesados en dialogar con sus gobernados, porque esta distancia comunicativa les favorece: un pueblo que desconoce sus derechos y obligaciones no empuja a la clase política a hacer su trabajo, no reconoce los mecanismos de participación, y mucho menos promueve las sanciones en caso de que su clase dirigente abuse del poder que el pueblo le ha confiado para actuar en su nombre. El desconocimiento de los derechos y las obligaciones mantiene el statu quo; no hay avance en lo que no se mueve, no hay nada que crezca en tierras yermas…. La corrupción y la impunidad están rodeadas por un conjunto de creencias aceptadas que normalizaron su práctica y, por lo tanto, se volvieron parte del vivir cotidiano. Expresiones como “no me des, sólo ponme donde hay”; “político pobre, pobre político”; “no importa que robe, pero que salpique”; o “ayúdame a ayudarte”, han recreado las formas en que asumimos la corrupción como parte de nuestra identidad. Los aportes al concepto de cultura y su etimología son abordadas por Martínez Garnelo en la primera parte de este libro. La evolución del significado de cultura, como se verá, permite comprender dos cosas: la construcción histórica de un concepto por su práctica social y, por otro lado, los elementos para la configuración de una práctica social nueva: la cultura de la legalidad.”

En este sentido y bajo estos planteamientos en términos generales, los invito a que me acompañen, amigos abogados, especialistas o no en la materia, para que de manera conjunta, leamos las 201 páginas conformadas en dos capítulos, de esta, así lo considero, una materia curricular que debe impartirse no solamente a nivel secundaria o preparatoria, sino a nivel licenciatura y posgrados, es un reto, pero vale la pena intentarlo. 

Agradezco siempre la gentileza de mi muy querido amigo, y brillante jurista, doctor Octavio Ruiz Martínez, director general de esta tan importante revista nacional, Jurista, por permitirme difundir este mi libro número 32, cuyo tópico no sólo es de actualidad, sino de urgente reflexión y aplicabilidad en todos los niveles y, bueno, aprovecharía para anunciarles el nuevo libro que está ya por publicarse en la prestigiosa editorial Porrúa y que viene a hermanarse y cumplimentar, lo expuesto en el libro en cita, referente a uno de los fenómenos sociales más importantes de este siglo XXI…”La corrupción”… Los invito a que estén pendientes, para la publicación de mi libro número 33, denominado: “¿La Corrupción es un Delito? Con un Enfoque sociocriminógeno y de procesamiento penal”, primicia que obsequio a dicha revista y que espero presentarlo pronto en todos los foros donde me inviten, por su trascendencia y complejidad social y jurídica. 





LA CERTEZA JURÍDICA NO DEBERÍA DEPENDER DEL COLOR POLÍTICO EN TURNO, SINO CONSOLIDARSE COMO UNA VERDADERA POLÍTICA DE ESTADO

JOSE VICTOR RODRÍGUEZ BARRERA Con más de tres décadas de ejercicio profesional, José Víctor Rodríguez Barrera se ha consolidado como uno d...